agresividad canina

Agresividad canina: clasificación y centros nerviosos implicados

La agresividad es un aspecto importante en el comportamiento social de cualquier especie. En el perro doméstico esta importancia es aún mayor, ya que la agresividad es una de las principales causas de consulta en etología clínica canina. El comportamiento agresivo incluye conductas muy diferentes, especialmente por los factores responsables de su control. Por tanto, el estudio del comportamiento agresivo de los animales debe incluir necesariamente un intento de clasificación.

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Clasificación en función de las estructuras nerviosas implicadas

  • Ofensiva
  • Defensiva
  • Depredadoras
agresividad canina

Probablemente, la clasificación más objetiva es la realizada en función de las estructuras nerviosas implicadas en el control de la conducta agresiva. Esta clasificación distingue sólo tres tipos de agresividad: ofensiva, defensiva y depredadora. Estos tres tipos se distinguen no sólo por las estructuras nerviosas que los controlan, sino también por el contexto en que aparecen y por las secuencias motoras que los caracterizan. Dichas secuencias son relativamente invariables y, por tanto, resultan útiles a la hora de identificar el tipo de agresividad.

El control de la conducta agresiva es de tipo jerárquico. La secuencia motora del ataque, defensa o depredación está controlada por el mesencéfalo, cuya actividad está controlada por el sistema límbico y el hipotálamo, y la de éstos, a su vez, por la corteza cerebral. Las áreas responsables de cada tipo de agresividad son distintas. Así, por ejemplo, la estimulación del hipotálamo dorsal genera agresividad defensiva, la del hipotálamo medial genera agresividad ofensiva, y la del hipotálamo lateral genera agresividad depredadora.

Parece ser que la estimulación del hipotálamo produce agresividad al aumentar la actividad de las vías nerviosas que proyectan al mesencéfalo. Las tres formas de agresividad descritas se caracterizan, tal como hemos dicho, por tener secuencias motoras distintas, y los circuitos nerviosos del mesencéfalo responsables de dichas secuencias son también distintos. La amígdala -que es una parte del sistema límbico- juega un papel importante en el control de la conducta agresiva.

Ejemplo de agresividad canina de origen vírico

Es interesante recordar que el virus de la rabia manifiesta un tropismo especial por ésta y otras estructuras del sistema límbico, hecho que podría explicar la agresividad que caracteriza a la denominada forma furiosa de la rabia y que aparece también en otras encefalitis víricas.

Además, la amígdala contiene receptores para algunas hormonas sexuales, que tienen un efecto destacado sobre algunas formas de agresividad.

Tanto la agresividad ofensiva como la defensiva van acompañadas de signos evidentes de estimulación simpática. Por esta razón, ambos comportamientos reciben a veces el nombre de agresividad afectiva, en oposición a la agresividad depredadora o no afectiva. Existe una diferencia adicional importante entre la agresividad depredadora y la afectiva (tanto ofensiva como defensiva): la estimulación de las estructuras nerviosas que controlan a esta última parece ser desagradable para el animal, mientras que la estimulación que desencadena el ataque depredador constituye un refuerzo.

La distinción entre agresividad ofensiva y defensiva está reforzada por el hecho de que las hormonas sexuales masculinas tienen efectos distintos sobre uno y otro tipo.

Las clasificaciones comúnmente utilizadas para la agresividad de los animales domésticos son de tipo contextual

A pesar del interés de la clasificación que hemos expuesto, resulta evidente que es muy general. Por ejemplo, la agresividad entre dos individuos de un mismo grupo que compiten por un mismo recurso (alimento, por ejemplo), y la dirigida hacia un animal que ha invadido el territorio de otro se incluirían dentro del mismo tipo (agresividad ofensiva), aunque se trata de conductas que aparecen en contextos distintos. Por lo tanto, en muchas situaciones resulta interesante disponer de una clasificación que tenga en cuenta, precisamente, el contexto o situación que desencadena este comportamiento. En consecuencia, las clasificaciones comúnmente utilizadas para la agresividad de los animales domésticos son de tipo contextual. Una posible clasificación aplicable, en principio, a todas las especies domésticas sería la siguiente:

Clasificación contextual

Competitiva:

Se manifiesta cuando dos individuos intentan acceder al mismo recurso a la vez.

Jerárquica o por dominancia:

Se manifiesta cuando dos individuos intentan establecer una relación de dominancia-subordinación. A menudo, aparece asociada a la agresividad competitiva.

Maternal:

Se manifiesta en respuesta a un estímulo que supuestamente amenaza a las crías. En la perra, aparece en ocasiones durante la pseudogestación, incluso en ausencia de crías. En algunos roedores empieza a manifestarse antes del parto.

Por miedo:

Se manifiesta en respuesta a estímulos que suponen una amenaza para el animal, especialmente cuando no puede huir.

Intrasexual:

Se manifiesta espontáneamente en respuesta a la presencia de individuos de la misma especie y sexo. En la mayoría de especies es mucho más frecuente en machos que en hembras.

Territorial:

Se manifiesta cuando un animal invade el área normalmente utilizada por otro individuo o grupo. En general, se dirige hacia individuos de la misma especie, pero en el perro -y muy ocasionalmente en el gato- puede dirigirse también hacia personas.

Redirigida:

Se manifiesta cuando el estímulo que desencadena la conducta agresiva es inaccesible para el animal, de modo que la agresividad se dirige hacia un estímulo alternativo.

Por dolor:

Se manifiesta en respuesta a estímulos dolorosos.

Secundaria a endocrinopatías, enfermedades del sistema nervioso central como hidrocefalia y epilepsia, y otros problemas orgánicos. A diferencia de las demás, no aparece en contextos previsibles.

Algunos autores incluyen también la denominada agresividad aprendida. No obstante, el aprendizaje modifica cualquier forma de agresividad. Por otra parte, es innegable que en el caso concreto del perro, el comportamiento agresivo puede ser resultado del adiestramiento. A partir de clasificaciones similares a la anterior, la American Veterinary Society Animal Behavior ha propuesto, para el perro y el gato, otras clasificaciones ligeramente distintas y más detalladas.

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